Categoría: Igualdad de género

MANIFIESTO DE LLIGAM 8 DE MARZO DE 2018

Muchos de los valores que defiende Lligam, asociación para una crianza humanizada, son valores ausentes en este sistema global de capitalismo feroz, son valores que hay que recuperar para mejorar la sociedad: ¡son valores revolucionarios!

Y la mujer, si se convierte en madre de manera consciente y libre, puede ser receptora, recuperadora y divulgadora de estos valores fundamentales. Desde la asociación Lligam denunciamos que esta sociedad androcéntrica y patriarcapitalista devalúa y ajena la maternidad, actividad exclusiva de la mujer. La maternidad, en cambio, tiene el poder de visibilizar cuestiones que, lejos de ser sólo de las mujeres, tienen una dimensión política y social indiscutible:

“Un feminismo que no cuenta con un discurso sólido, contrastado y sustentado por un número significativo de madres, sobre la maternidad, no tiene futuro. Y no tiene futuro porque el Patriarcado arraiga y se perpetúa operando sobre el hecho de que son las mujeres las que gestan, paren y amamantan. Y un análisis erróneo de lo que la maternidad es como hecho propio de las mujeres y como característica biosocial de la especie no podrá ser nunca la base de una emancipación real. (…) Menospreciar el “hecho biológico” ineludible existente (…) es un asunto cargado de implicaciones políticas y socioeconómicas que son las que articulan las jerarquías y canalizan la subordinación de las mujeres: que son, en suma, las bases del patriarcado”. (Maternidad, Igualdad y Fraternidad: las madres como sujeto político en las sociedades postlaborales, Patricia Merino Murga).

Denunciamos que volvemos a ser despreciadas y sometidas cuando se invisibiliza el gran poder que la maternidad nos confiere, como meta vital que potencialmente nos permite revisarnos como personas, ser más conscientes de nuestra vida y la de nuestra familia y conectarnos con el resto de la comunidad. La experiencia de la maternidad puede ser una experiencia apoderadora que nos permita observar, detectar, analizar, reflexionar, denunciar y actuar frente a las injusticias que se viven en el mundo y hoy y aquí manifestar la desigualdad en el ejercicio de los derechos de las mujeres respecto de los hombres.

Por eso en Lligam, feminismo y maternidad, como práctica política y subversiva, van de la mano.

Reivindicamos hacer visible el papel de la mujer que es madre como recuperadora y divulgadora de los valores intrínsecos al ser humano: el contacto, la presencia, mirar a los ojos, parar y ralentizar los ritmos, la paciencia, la calma, acompañar, respetar , hacer lo que podemos, hacer lo que queremos y conscientemente hemos elegido y no lo que “debemos” según los intereses o los prejuicios de otros. Cada día nuestras hijas e hijos nos muestran estos valores y actitudes y nos invitan a reencontrarlos dentro de nosotras. Por ello, queremos empezar de nuevo cada segundo, queremos poder improvisar y experimentar, dejar lo que no nos pertenece y vivir plenamente la crianza de nuestras hijas e hijos respetando su integridad como personas.

Denunciamos que el patriarcapitalismo quiere reducir a las mujeres, también a las que son madres, a piezas intercambiables en una cadena de producción y así se favorecen las desigualdades laborales y, en especial, el castigo que supone ser madre para la carrera profesional de una mujer. Desigualdad que se da a menudo también en el ámbito familiar, ya que solemos ser las madres las que cargamos prácticamente la totalidad del cuidado de las hijas e hijos, de las tareas del hogar y renunciamos a nuestro sueldo profesional o a una buena parte de él, revisamos y reorganizamos nuestros horarios y hacemos una gran cantidad de cambios y renuncias que a menudo no son libres sino “obligadas” por el sistema de dominación patriarcal y neoliberal que lejos de poner la vida de las personas más vulnerables en el centro la sitúa en medio de una cadena productiva depredadora. La idea subyacente de todo esto es que toda actividad humana debe servir para aumentar las cuotas de riqueza de unas pocas personas; nuestra vida debe ser productiva, individualista y consumista. La parte reproductiva de la humanidad sólo interesa para hacer negocio, y no se pone en el centro del debate porque en ella la mujer tiene un papel intransferible y trascendental.

Reivindicamos el respeto profundo que merecemos como mujeres en nuestra naturaleza cíclica. Hacemos un llamamiento general a la necesidad de que la sociedad conozca qué significa ser cíclica y los procesos por los que pasa (o puede pasar) una mujer a lo largo de su vida (menstruación, embarazo, parto, lactancia, puerperio, menopausia) y que se dejen de ridiculizar e infantilizar estos procesos para ponerlos en el lugar que se merecen con rigor profesional, madurez personal, respeto y amor, como creadoras de vida que somos. Y, por ello, queremos ser la primera y única voz en todo lo referente a nuestro cuerpo. Es fundamental que se deje de objetivizar el cuerpo de las mujeres ignorando nuestro ser completo y que de esta manera podamos construir una relación equilibrada, respetuosa y empoderada entre el hombre y la mujer, entre lo femenino y lo masculino sea como sea que esto se manifieste en las personas.

Denunciamos, por todo ello, la ignorancia de la mujer como paciente o usuaria en el entorno sanitario, incluso en las investigaciones médicas, actualmente controladas por grandes empresas dedicadas a la venta de productos diversos que conciben a la mujer y a los bebés como clientes en un mercado. En este entorno, el sanitario, se llevan a cabo todavía prácticas médicas basadas en el prejuicio sobre la mujer incapaz de llevar adelante la gestación y el parto de sus hijas e hijos y la cual, por tanto, no tiene nada que decir en este proceso. Con esta idea, se nos dirige, se nos pone en duda, se nos critica, nos humilla o se nos coarta nuestro derecho y poder de decisión sobre cómo queremos llevar nuestro embarazo, el parto y el nacimiento de nuestras criaturas y el necesario tiempo de puerperio. La evidencia científica afirma que seguir el proceso y el ritmo natural de la criatura que va a nacer y de nuestro cuerpo, que está preparado para el parto, si no hay ninguna patología, es la forma más sana de hacerlo.

Denunciamos que el patriarcapitalismo quiere reducir a las mujeres que son madres a simples “aparatos para producir criaturas” y que somos tratadas como un recipiente sin valor y esta visión, que puede parecer radical, se manifiesta continuamente en las políticas sociales que no hacen posible el ejercicio tranquilo y natural de la lactancia materna ni establecer el vínculo madre-criatura fundamental para una crianza de calidad durante el tiempo que sea necesario.

Reivindicamos, en consecuencia, que en el ámbito sanitario se actualice el personal correspondiente según dictamina la evidencia científica en materia de obstetricia y ginecología. Pedimos que se permita que la mujer para en la posición que necesite en ese momento, que se informe a la mujer sobre cualquier intervención que se considere realizar y se solicite su autorización y que se favorezca, también, que el parto comience por sí mismo y no se induzca este de manera arbitraria. Es necesario que se asegure el piel con piel entre la madre y la criatura desde el primer minuto del nacimiento y que se acompañe a la madre, y en su caso a su pareja, desde el respeto, la confianza, la empatía y el sentido de la intimidad que requiere ese momento.

Reivindicamos el derecho a ser usuarias de la sanidad y ciudadanas de primera, con una información veraz y actualizada para todas las mujeres sobre los beneficios de la lactancia materna pero también toda la información sobre las posibles complicaciones que pueden estar asociadas a la alimentación con leche de fórmula. Esta información debería ser rigurosa y ajustada a las últimas investigaciones médicas y no mediatizada por los intereses de las grandes multinacionales dedicadas a la alimentación de los bebés. Una actuación responsable y formada en este tema por parte del personal sanitario que acompaña los primeros años de vida de nuestras criaturas es una cuestión fundamental de salud pública.

Exigimos, por todo ello, que se reconozca socialmente y política el valor que tienen la maternidad, la crianza y el cuidado de las personas para engendrar sociedades más igualitarias, sostenibles y justas. Por ello, los permisos de maternidad y lactancia deben durar al menos el tiempo que la evidencia científica recomienda respecto a la lactancia y la crianza de los niños en los primeros años. El sistema laboral debe incorporar normativas que permitan y favorezcan el cuidado y la atención a las necesidades de la infancia y otras personas que lo precisan.

“La trascendencia del vínculo primario en todo el desarrollo posterior de la vida individual y social nos permite afirmar que una sociedad que respete una maternidad amorosa y libidinal que disponga de los tiempos, los recursos y el reconocimiento adecuado, es la más alentadora promesa de una sociedad mejor”. (Maternidad, Igualdad y Fraternidad: las madres como sujeto político en las sociedades postlaborales, Patricia Merino Murga).

Porque juntas, lo podemos todo: las mujeres movemos el mundo ¡y ahora lo pararemos!

 

Participación en el programa Diana en el CEIP Martinez Valls de Ontinyent

Dicen que la vida está llena de hermosas casualidades y éste es uno de esos casos, en los que sin esperarlo, he tropezado de pleno con una experiencia enriquecedora y motivadora: Mi participación en el programa Diana en el CEIP Martínez Valls los días 4 y 5 de mayo.

El programa Diana pone en marcha una serie de actividades didácticas con la finalidad última de incentivar la presencia de niñas y jóvenes en las carreras tecnológicas, realizando intervenciones en los centros educativos en torno al Día Internacional de las Niñas en las TIC, que rompan con los estereotipos de género aprovechando el potencial de la programación para fomentar la creatividad, el desarrollo de pensamiento lógico y abstracto, el trabajo en equipo, o la resolución de problemas. El programa es del Instituto de la Mujer para la Igualdad de Oportunidades y está cofinanciado por el Fondo Social Europeo, desarrollándose en coordinación con los Organismos de Igualdad de las Comunidades Autónomas.

La semana pasada, el Instituto de la Mujer contactó con la empresa para la cual presto mis servicios profesionales (Gestiweb, S.L) para concretar la colaboración en el programa, casualidades de aquellas, justo había leído recientemente una publicación que hacía referencia al mismo programa y me emocioné al saber lo que yo podía aportar como mujer desde mi experiencia profesional.

El taller se llevó a cabo en las dos clases de cuarto primaria en el CEIP Martínez Valls de Ontinyent. El taller se desarrolla en tres partes: la primera parte es una serie de dinámicas con el objetivo de entender qué es la programación de forma sencilla y divertida; la segunda, experimentar con Scratch (lenguaje de programación) y la tercera, en la que intervine yo, era un espacio de diálogo, en el que interactué con los niños contándoles mi experiencia en el entorno tecnológico. Creo que tenía muchas cartas a favor, ya que el sólo hecho de romper con su rutina de estudio hace que, de alguna manera, los niños y niñas estén a la expectativa de lo que está por venir.

Me presenté y hablamos de muchas cosas. Les conté que había ido a la Universidad y que había estudiado una carrera en la que las mujeres somos minoría (Ingeniería de Telecomunicaciones). Les hablé de mi día a día, de que en mi trabajo soy la única mujer, de que en mi oficina el ambiente laboral es excelente pero que fuera de ella todavía tropiezo con hombres que se asombran al comprobar que mi trabajo es de análisis y programación y de que me gustaría que eso no pasara. Hablamos de la cada vez más omnipresencia de la tecnología en nuestras vidas y de la necesidad de adaptar las profesiones y oficios al desarrollo tecnológico. Hablamos de los roles y del trabajo en equipo, de las capacidades y de la independencia de género para desarrollarlas. Hablé de la aportación que como mujeres hacemos a la tecnología, creando un código más amable y cómo poco a poco incursionamos en un mundo “de hombres”. Porque eso nos querían hacer creer, que la ciencia y la tecnología era de hombres.

20 minutos no dan para mucho, así que muy ligeramente les conté quien era Margaret Hamilton, quien programó el Apolo para llevar la humanidad a la Luna, de las programadoras ENIAC y de Grace Hopper que creó el lenguaje COBOL, presente en la mayoría de software Bancario. Lamenté no haber podido tener más tiempo para contar más historias y plantear muchas otras cuestiones, y disfruté de la herencia docente que corre por mis venas. Hablamos de baile, de cocina, de entrenarse y trabajar tanto la mente, como el cuerpo. Hablamos de la apariencia y de cómo no debe afectar a nuestro desempeño profesional, que sólo debemos vestir con aquello que nos haga sentir bien. Imposible resumir.

Los niños con los que interactué tienen una ventaja social, ya que durante el diálogo comprobé que la mayoría de ellos en su casa tienen tabletas, móviles inteligentes, ordenadores y video juegos y en el aula de informática disponían de suficientes ordenadores y varios niños de la clase me contaron que habían hecho cursos de programación con legos, pero sabemos que ésta no es la realidad de todos los niños de España. Me llamó la atención que una niña me contara su experiencia en el curso de programación y lo que había conseguido. Sí, me llamo la atención porque aún vivimos en una sociedad en la que las niñas quieren ser princesas y no ingenieras, y en la que a mi hijo Martín le dicen que el ballet es para chicas y que las zapatillas de color rosa también.

Dentro de nuestra asociación en numerosas ocasiones hemos tocado el tema de la cosificacion del cuerpo femenino, de los roles de género y de cómo, como madres y padres, podemos y debemos cambiar nuestro entorno cambiando la educación de nuestros hijos. Queda mucho trabajo por delante, pero espero que mi pequeña aportación haya dejado alguna semilla para futuras profesionales o, simplemente, para mujeres seguras de que sus capacidades no serán menoscabadas por su género.

Gracias a las técnicos del Instituto de la Mujer por permitirme vivir esta experiencia, a mi jefe que me permitió disponer del horario de la jornada laboral para poder participar y a todos los niños que compartieron un ratito de su vida y de su hogar conmigo.

Ahora sólo queda continuar en el camino, para que estos talleres y programas no sean una excepción, para que en todos los centros públicos niños y niñas puedan acceder a clases de programación y descubrir nuevos mundos de creatividad y trabajo en equipo y afianzar sus capacidades independientemente de su género.

Maria Yulieth Peñuela Carvajal